El gobierno de Sudán criticó duramente una conferencia de donantes celebrada en Berlín, describiéndola como sorprendente e inaceptable. Afirmó que la reunión inmiscuye en los asuntos internos de Sudán y no fue consultada con Jartum. La conferencia tiene lugar en un momento en que la guerra entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) cumple ya cuatro años, con un alto costo humano para civiles e instituciones estatales.
Desde la perspectiva de Jartum, llamadas externas a la reconciliación o reformas sin participación gubernamental constituyen una forma de injerencia política. El liderazgo sudanés ha afirmado repetidamente que la diplomacia internacional humanitaria puede convertirse en una palanca para el cambio de régimen o la presión política. La conferencia de Berlín busca alinear a los donantes detrás de mecanismos de alivio y reformas de gobernanza, pero Sudán la ve como un canal que ignora la soberanía.
La dinámica estratégica más amplia gira en torno a quién controla la agenda humanitaria. Para los gobiernos extranjeros, las conferencias de donantes son cruciales para asegurar ayuda, proteger a civiles y mantener la estabilidad regional. Para Sudán, existe el riesgo de que narrativas externas definan políticas de seguridad sin rendición de cuentas ante las autoridades sincrónicas y la población.
En términos operativos, la conferencia de Berlín destaca la atención internacional hacia la respuesta a la crisis en Sudán, incluyendo fondos para ayuda alimentaria, atención médica y refugiados. Los donantes evalúan condicionalidades sobre reformas de gobernanza y responsabilidad del sector de seguridad. La reacción de Jartum plantea dudas sobre la efectividad de la mediación externa cuando se exige soberanía y políticas de seguridad.
De cara al futuro, el desacuerdo sobre la participación de donantes podría complicar la coordinación humanitaria y las conversaciones de paz. Si el enfoque de Berlín se endurece, Sudán podría exigir mayor control sobre canales de ayuda o buscar socios que presionen menos sobre políticas internas. El resultado estratégico dependerá de si actores externos pueden equilibrar el acceso humanitario con el respeto a la soberanía y a la complejidad de seguridad.
